BPAR: por qué marcan la diferencia en la calidad de las plantas medicinales

El interés por las plantas medicinales y los productos fitoterapéuticos continúa creciendo en Colombia y el mundo. Este panorama abre oportunidades para el desarrollo productivo y el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad, pero también plantea un reto central: garantizar la calidad del material vegetal desde su origen.
Es en el primer eslabón de la cadena donde las Buenas Prácticas Agrícolas y de Recolección (BPAR) cumplen un papel determinante. Estas prácticas constituyen un conjunto de lineamientos técnicos que abarcan desde la selección del sitio de cultivo y el manejo del suelo hasta la cosecha, el poscosecha, el almacenamiento y la documentación del proceso productivo. Su objetivo es asegurar la identidad, calidad e inocuidad de la materia prima vegetal destinada a uso terapéutico o industrial.
A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud estableció las Directrices sobre Buenas Prácticas Agrícolas y de Recolección (BPAR) de plantas medicinales, que sirven como referencia para orientar su implementación y fortalecer la confianza en la cadena de valor.
Las decisiones deben tomarse desde la primera etapa
La calidad de una planta medicinal no depende únicamente de la especie. Factores como las características del suelo, el manejo de insumos, la disponibilidad y calidad del agua, las condiciones climáticas y el momento de la cosecha influyen directamente en su composición química, particularmente en la concentración y estabilidad de sus metabolitos secundarios.
Las BPAR permiten ordenar y controlar estos factores, reduciendo la variabilidad del material vegetal y facilitando la obtención de materias primas más homogéneas. Este aspecto es clave para la industria fitoterapéutica, que requiere consistencia en sus procesos de transformación y estandarización.
Otro componente fundamental es la identidad botánica. Las BPAR incorporan como principio técnico la correcta identificación taxonómica de las especies, así como el uso de material de propagación trazable. Esto contribuye a prevenir sustituciones, adulteraciones o errores en el uso de especies, riesgos que aún persisten en el sector.
Asimismo, estas prácticas establecen medidas para prevenir contaminaciones químicas, microbiológicas y físicas durante el cultivo, la recolección y el almacenamiento. La prevención desde el campo facilita el cumplimiento regulatorio en etapas posteriores y reduce riesgos de rechazo en mercados más exigentes.
BPAR, competitividad y desarrollo del sector fitoterapéutico
Dentro de las BPAR, el manejo poscosecha es uno de los puntos donde se evidencia con mayor claridad la relación entre calidad y mercado. En las plantas medicinales, el valor no está en el volumen producido, sino en la conservación de sus compuestos bioactivos. Procesos inadecuados de secado, tiempos prolongados entre cosecha y procesamiento, o condiciones deficientes de almacenamiento pueden favorecer el crecimiento de hongos, la degradación de principios activos o la pérdida de calidad.
En Colombia, los retos asociados a la calidad y estandarización del material vegetal han impactado el desarrollo del sector fitoterapéutico. El Diagnóstico de requisitos y brechas de calidad y sostenibilidad de la cadena de fitoterapéuticos en Colombia evidenció que parte de la industria nacional recurre a especies importadas ante dificultades relacionadas con la consistencia, trazabilidad y cumplimiento de requisitos técnicos del material vegetal local.
En este contexto, la implementación de BPAR se convierte en una herramienta estratégica para fortalecer el primer eslabón de la cadena y avanzar hacia una mayor integración con otras prácticas de calidad, como las Buenas Prácticas de Manufactura. Por esta razón, el GQSP Colombia viene desarrollando un Programa de Asistencia Técnica orientado a acompañar la adopción de BPAR en territorio. Actualmente, el programa trabaja con cinco beneficiarios en cuatro departamentos del país, fortaleciendo capacidades productivas y de gestión de la calidad.
Avanzar en la implementación de BPAR no solo contribuye a mejorar la calidad de las plantas medicinales, sino también a reducir brechas técnicas, facilitar el acceso a mercados regulados y promover un aprovechamiento más sostenible y competitivo de la biodiversidad colombiana.
